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Poema: Curriculum Vitae

October 24, 07 by serumax

Cuando solía ir a lecturas de bares aprendí que no era para nada bueno hablar o dar explicaciones antes de recitar. Es una ley de “tertulias poéticas” que nunca entendí ni compartí.

En fin, hace semanas que he estado pensando en este poema que escribí hace un par de años, hace semanas también que he estado pensando en “Insoportables”, un blog de poesía que abrí poco antes de saber lo que era un blog.

Hilando ideas, como lector me gusta la catarsis que provoca y que muchos amigos catalogaron de tenebrosa; como autor me gusta el giro que dio entre la idea primera, los borradores poesteriores y su forma final, que es la que leerán ahora. Hilando ideas, lo publico hoy, en parte, como respuesta a un mail que me llegó desde Madrird pidiendo que publicase mis poemas, pero también porque la poesía me handa aciendo cosqillas y me estoy haciendo el tonto desde hace rato.

¿Qué más puedo decir? Con pudor los dejo, con curiosidad pueril me quedo

Curriculum Vitae

Nací con la niebla del infierno impregnada en los huesos,
con una creciente vocación de muerto,
este oficio irrenunciable de mendigo
y una habilidad espantosa para el canto.

Nací con el corazón en hilachas de venas
que se entierran como ciudades anversas,
ya siento mis pies difuntos
atravesados por alcantarillas confusas.

Yo nací con este futuro dolor extenso
que se pierde en las calles del anhelo
y con un millón de vacas muertas colgando de mis ojos.
Mi canto cercenado expele hedor de mataderos insomnes
y derrama la esperanza coagulada del afásico
cuyo nombre impronunciable yo detento.

Nací con la garganta atorada de jazmines negros,
con la lengua agusanada de mil hombres
muertos en batalla, con su miedo y su estertor
de tripas como monedas de fuego en cada mano.

Nací desposeído y negación. Nada de lo que eres,
nada de lo que tienes acude a mi grito consternado.
Nací exiliado de este viento, de esta tierra
y de ese semen anciano
que me heredó una tumba sin casta.

Nací con la oscuridad de los miserables,
con la miseria industrial de los siglos.

Nací con la renuncia en los labios,
con la soledad final del mundo.
En medio del olvido y de la nada de infernario
me espera mi almohada de papel
con un puñado de sueños escritos
en un horóscopo que claramente se equivoca.

Nací con las alas quemadas,
con el alma deforme,
con la certeza irreductible del profeta
que en su lecho de muerte al fin comprende
que ha errado en todas sus visiones.
Esa es la desilusión de lo que soy,
el exiliado ancestral de todas las naciones.

Capítulo I de Rayuela

October 14, 07 by serumax

¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguirlas formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado pare escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico. Read the rest of this entry »

Simplemente Cortázar, Rayuela, un tornillo… el capítulo 73

October 07, 07 by serumax

Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette, saliendo de los portales carcomidos, de los parvos zaguanes, del fuego sin imagen que lame las piedras y acecha en los vanos de las puertas, cómo haremos para lavarnos de su quemadura dulce que prosigue, que se aposenta para durar aliada al tiempo y al recuerdo, a las sustancias pegajosas que nos retienen de este lado, y que nos arderá dulcemente hasta calcinamos. Entonces es mejor pactar como los gatos y los musgos, trabar amistad inmediata con las porteras de roncas voces, con las criaturas pálidas y sufrientes que acechan en las ventanas jugando con una rama seca. Ardiendo así sin tregua, soportando la quemadura central que avanza como la madurez paulatina en el fruto, ser el pulso de una hoguera en esta maraña de piedra interminable, caminar por las noches de nuestra vida con la obediencia de la sangre en su circuito ciego.

Cuántas veces me pregunto si esto no es más que escritura, en un tiempo en que corremos al engaño entre ecuaciones infalibles y máquinas de conformismos. Pero preguntarse si sabremos encontrar el otro lado de la costumbre o si más vale dejarse llevar por su alegre cibernética, ¿no será otra vez literatura? Rebelión, conformismo, angustia, alimentos terrestres, todas las dicotomías: el Yin y el Yang, la contemplación o la Tatigkeit, avena arrollada o perdices faisandées, Lascaux o Mathieu, qué hamaca de palabras, qué dialéctica de bolsillo con tormentas en piyama y cataclismos de living room. El solo hecho de interrogarse sobre la posible elección vicia y enturbia lo elegible. Que sí, que no, que en ésta está… Parecería que una elección no puede ser dialéctica, que su planteo la empobrece, es decir la falsea, es decir la transforma en otra cosa. Entre el Yin y el Yang, ¿cuántos eones? Del sí al no, ¿cuántos quizá? Todo es escritura, es decir fábula. ¿Pero de qué nos sirve la verdad que tranquiliza al propietario honesto? Nuestra verdad posible tiene que ser invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas de este mundo. Los valores, turas, la santidad, una tura, la sociedad, una tura, el amor, pura tura, la belleza, tura de turas. En uno de sus libros, Morelli habla del napolitano que se pasó años sentado a la puerta de su casa mirando un tornillo en el suelo. Por la noche lo juntaba y lo ponía debajo del colchón. El tornillo fue primero risa, tomada de pelo, irritación comunal, junta de vecinos, signo de violación de los deberes cívicos, finalmente encogimiento de hombros, la paz, el tornillo fue la paz, nadie podía pasar por la calle sin mirar de reojo el tornillo y sentir que era la paz. El tipo murió de un síncope, y el tornillo desapareció apenas acudieron los vecinos. Uno de ellos lo guarda, quizá lo saca en secreto y lo mira, vuelve a guardarlo y se va a la fábrica sintiendo algo que no comprende, una oscura reprobación. Sólo se calma cuando saca el tornillo y lo mira, se queda mirándolo hasta que oye pasos y tiene que guardarlo presuroso. Morelli pensaba que el tornillo debía ser otra cosa, un dios o algo así. Solución demasiado fácil. Quizá el error estuviera en aceptar que ese objeto era un tornillo por el hecho de que tenía la forma de un tornillo. Picasso toma un auto de juguete y lo convierte en el mentón de un cinocéfalo. A lo mejor el napolitano era un idiota pero también pudo ser el inventor de un mundo. Del tornillo a un ojo, de un ojo a una estrella… ¿Por qué entregarse a la Gran Costumbre? Se puede elegir la tura, la invención, es decir el tornillo o el auto de juguete. Así es cómo París nos destruye despacio, deliciosamente, triturándonos entre flores viejas y manteles de papel con manchas de vino, con su fuego sin color que corre al anochecer saliendo de los portales carcomidos. Nos arde un fuego inventado, una incandescente tura, un artilugio de la raza, una ciudad que es el Gran Tornillo, la horrible aguja con su ojo nocturno por donde corre el hilo del Sena, máquina de torturas como puntillas, agonía en una jaula atestada de golondrinas enfurecidas. Ardemos en nuestra obra, fabuloso honor mortal, alto desafío del fénix. Nadie nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette. Incurables, perfectamente incurables, elegimos por tura el Gran Tornillo, nos inclinamos sobre él, entramos en él, volvemos a inventarlo cada día, a cada mancha de vino en el mantel, a cada beso del moho en las madrugadas de la Cour de Rohan, inventamos nuestro incendio, ardemos de dentro afuera, quizá eso sea la elección, quizá las palabras envuelvan esto como la servilleta el pan y dentro esté la fragancia, la harina esponjándose, el sí sin el no, o el no sin el sí, el día sin Manes, sin Ormuz o Arimán, de una vez por todas y en paz y basta.

Una joyita

July 08, 07 by serumax

Dos horas de Cortazar…. estoy feliz

Jazz

May 06, 07 by serumax

Todas las historias tienen su momento. Esta, por ejemplo, lleva demasiado tiempo entre mis borradores esperando a que me anime a escribirla que de tanto esperar se ha ido reescribiendo con líneas perdidas y medias notas sin destino. Yo, entre tanto, me he obsesionado con otros temas: música, json, clases abstractas, patrones de diseño, jazz, prototipos, drum and bass, memes y religiones varias…

Pero no quiero jugar más a Teseo… que la madeja se quede ahí hecha un nudo, que el Minotauro se coma la rosa o el rubí y que Ariadna se muera de soldedad en Naxos.

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De tribus distribuidas

May 09, 06 by serumax

La endogamia
Hace poco más de un año le decía a un amigo que “la escritura es paradógica: tan simple como decir algo de principio a fin y tan compleja como los escollos de un laberinto. Hay que abrir y cerrar puertas, optar por obvios atajos o mapas imaginarios”. Lo más importante, sin embargo, es tener algo que contar. Sin eso, todo lo demás se diluye.

Hoy no quiero periecias, porque hablar de la blogosfera es como meterse en una camisa de once varas y temo perderme en el peor laberinto borgiano, el de Asterion. La blogocosa es endogámica, las estadísticas sobran y la democratización de la información es un cuento tan viejo como Cervantes.

Perdón, se me olvidaba que los canales tradicionales, por los cuales transita gran parte de la información y el conocimiento, son unidireccionales y manejados por las eminencias máximas en el arte de las tijeras y el liquid papper y, más grave aún, se me olvidaba que este mismo espacio no podría existir si no fuese por esta info-revolution llamada blogosphere.

¡Y yo que no quería peripecias!
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Sobre la escritura y otros brevajes (reeditado)

December 24, 05 by serumax

Todos los domingos constato (sin asombro ni rabietas) que hay buenos y malos escritores, pero, sobre todo, que la escritura es una de las actividades humanas más paradójicas que existe. Es, a la vez, una inútil y poderosa arma de futuro; la memoria de Funes y el subproducto más efímero de una cultura desechable; una actividad tan respetablemente compleja como absurda. Por cierto, quienes nos dedicamos a este cuento bailamos el mismo tango.

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De un tal Fuckoswki

December 19, 05 by serumax
Vía www.yonkis.com me he encontado con este relato de un tal fuckowski. El tipo se ha ganado el IV Concurso de Novela “YoEscribo” con una selección de sus mejores relatos. Este “Oir Gilipolleces” trata sobre las memorias de un Ingeniero desarrollador de software que tiene que arreglárselas con las pelotudeces del IT manager. De muestra un botón:

[yo] Primero que aunque pudiéramos especificar nosotros las claves, necesitaríamos saber que Ids’s hemos usado ya para generar los nuevos, lo que es más costoso que el relacionar dos Id’s. Pero además resulta que las claves no podemos especificarlas nosotros, en el sistema de workflow y en el de presupuestos, las claves son campos autoincrementales

[manager] Pero hay un mecanismo en los Entity Beans que permite especificar las claves de los registros que se insertan.

Después del shock empecé a imaginarme el mecanismo:

EntityBean: InsertTaskWithKey(55)
DataBase:SQLException:KeyViolation
EntityBean:QueTeHeDichoQueInsertTaskWithKey(55)
DataBase: Bueno Vale.

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